23 julio, 2015

LA CULTURA
COMO EJE INTEGRADOR DEL DESARROLLO
Julio Escoto

© Documento para el “Taller-Consulta. Informe sobre Desarrollo Humano 2003”, de PNUD-Honduras.

“El prestigio de la Nación y el bienestar general serán promovidos mediante el reconocimiento de que las artes y el espíritu creativo que las motivan, y que ellas personifican, constituyen una parte valiosa y esencial de los recursos de la Nación.”
National Arts and Cultural Development Acts, 1964.

“La cultura es la primera víctima de la guerra o de la amenaza de guerra”.
E. R. Harvey.


Agradecimiento
Agradezco profundamente la invitación de PNUD para conversar con ustedes sobre una materia que no sólo nos concierne sino que comprende e involucra a todos los aspectos de la vida diaria, pública y privada; que norma las reglas de convivencia humana pero que, a la vez, es considerada por los tomadores de decisiones políticas como elemento de poca significación social.
Debo advertir tempranamente que esta no es una conferencia literaria y mucho menos magistral. Aunque conozco las técnicas para desarrollar una exposición agradable, pedante y deslumbrante, comprendo perfectamente que el objeto de esta reunión no somos yo y mi ego de escritor sino que lo que se desea es la producción de un insumo, una base coherente desde la cual partir para otras elaboraciones teóricas, así como para ciertas consecuencias practicas. Por ende, permítanme por favor asumir un estilo no tradicional sino el de la provocación intelectual, una búsqueda y no la reificación de grandes verdades. En síntesis, pues, abrir caminos para dialogar entre nosotros, no para monologar.

Indicios globales
Comenzaré con tres indicios reales, aparentemente sueltos, que más adelante trataremos de anudar:
Indicio 1) Una joven resulta embarazada y la familia pide conocer al novio. Este se presenta pero semanas después elude toda responsabilidad. La familia entonces contrata a un sicario para matarlo ya que no puede soportar la ofensa a su honor social.
Indicio 2) Los varones no besan a las prostitutas que contratan.
Indicio 3) Durante el gobierno español el deporte más practicado era engañar al sistema. El mestizo, más vivo que sus amos, se sumaba así a la resistencia contra el colonizador.

Estos indicios, que reflejan ciertos estamentos particulares de nuestra sociedad, y de la Latinoamericana en general, y del mundo en globalidad, nos aproximan a la pregunta que sin duda ustedes han de estarse formulando: vinimos a hablar de cultura y desarrollo, ¿qué tiene que ver esto con cultura y desarrollo?

I.- Precedentes
Durante siglos tal palabra —cultura— no existió, como tampoco los antiguos empleaban ni comprendían términos tan vastos como “fama”, “ideología”, “pensamiento científico”, “desarrollo histórico” y “humanidad” (1). La relación entre, por ejemplo, mecenas o patrocinadores con artistas se establecía usualmente en carácter individual, simple transacción de objetos representativos (dinero versus obra de arte) sin que se diera —excepto en casos excepcionales (Principado de Baviera)— la visualización de una continuidad estética más allá de las personas. Las escuelas góticas, renacentistas o barrocas, para el caso, se sistematizaban a partir de los temas tratados, de ciertas técnicas utilizadas (sombras, luces, ornamentos), de tendencias coincidentes o de un planteamiento filosófico ante la realidad, no del amplio y moderno concepto de permanencia cultural.
Debió arribar el siglo XIX para que las explicaciones economicistas, particularmente del Marxismo, aplicaran a la productividad artística el concepto de trabajo y, consecuentemente, de objeto de cambio, de plusvalía y de acción conectada en alguna forma con el proceso ideológico de la sociedad, tornándola ya no sólo en fruto de una concepción individual sino en reflejo, quisiérase o no, de lo que estaba ocurriendo simultáneamente en la comunidad. El psicoanálisis freudiano contribuyó a profundizar la idea del arte tanto como emanación concreta de los fenómenos internos del autor, así como participante de una personalidad o memoria colectiva inscrita en el imaginario de grandes grupos particulares o de toda la urdimbre mundial. La idea de cultura, entonces, es reciente y tiene que ver muy íntimamente con esos estatutos filosóficos y científicos de reflexión.
Con todo, debieron transcurrir muchas décadas del siglo XX para que se produjeran dos interesantes sucesos. El primero de ellos fue la iniciativa del reino inglés para contribuir al impulso de la cultura, habiendo creado para ello, en 1939, el Council for the Encouragement of Music and the Arts, que dedicado a “salvaguardar la tradición” procuraba facilitar que las masas tuvieran acceso a las artes en general, particularmente las escénicas (2). A este le sucedió el Art Council (1946) con función de promover financieramente las artes y las letras.

Simultáneamente el Estado alemán, al entrar en posguerra, creó los Consejos Municipales de Cultura, enlazados con los ministerios de cultura de los diferentes Länders o provincias federadas, a su vez apoyados por la Secretaría de Cultura del país (3). En Francia se fundó, bajo De Gaulle (1959) el Ministerio de Asuntos Culturales (Ministerio de Cultura y Educación) (4) con fines precisamente definidos:
(a) unificación de propósitos nacionales, (b) “hacer accesibles las obras maestras de la humanidad y de Francia al mayor número posible de franceses” y, dado que este es en realidad un ministerio “de Identidad” (5), (c) administrar la construcción de la imagen que los franceses tienen de ellos mismos, conservando su identidad cultural.
En 1964, bajo la administración Kennedy, fue formalizada la Dotación Nacional para las Artes (National Endowment for the Arts) en Estados Unidos (6).
El Consejo inglés se propuso que las instituciones culturales fueran tan independientes como se lograra; los alemanes especificaron su deseo de que la cultura fuese una actividad neutra y liberal de parte del poder público; los franceses concibieron a la cultura como el elemento de salvaguarda para la grandeza de su país.
Si se observa, sin embargo, se habrá notado que, hasta ese momento de evolución, toda la labor de los ministerios indicados, así como la visión de Cultura, ronda pivotalmente alrededor de las artes estéticas. 
En Agosto de 1970 habría de darse el segundo gran acontecimiento. Durante la Conferencia de Venecia convocada por UNESCO (7) se escenificó un cambio fundamental en la concepción de Cultura como componente de la vida individual y social del hombre, pues por primera vez comenzó a hablarse de cultura como derecho humano, como conjunto de valores éticos y jurídicos, como identidad y como defensa ante el influjo de culturas mundiales dominantes. Venecia principió por reconocer el derecho de las naciones a ser respetadas tanto en su unidad como en su pluralidad cultural, a la validación de su diferencia con la educación formal —con la que sin embargo mantiene nexos inseparables— y, sobre todo, a la visualización de Cultura como algo más que artes y ocio, es decir a su papel integral en el logro de la calidad de vida y como partícipe concomitante en el proceso de desarrollo material.
Estos principios, ya ampliamente aceptados como nueva filosofía de Cultura, fueron validados en la Conferencia de Bogotá (8) en 1978, donde además se incorporó otros extraordinariamente significativos, tales como:
(a) la integración de los valores culturales en los procesos educativos, y, (b) participación en la vida cultural y papel de la comunicación,
con lo que solidificó para siempre la autonomía de la materia cultural, separándola, aunque no divorciándola, de la concerniente a educación.
Durante las sesiones generales se trató además tres nuevos campos disciplinarios, los relativos a:
(a) dimensión cultural del desarrollo, (b) pluralismo cultural y unidad nacional, y, (c) preservación del patrimonio cultural y de sus valores ligados.
La delegación argentina introdujo en la Conferencia de Bogotá, además, asuntos que no habían sido contemplados con profundidad en previas experiencias, tales como la diferencia entre la democratización de la cultura y la búsqueda de una democracia cultural, la necesidad de “consolidar la identidad cultural como nexo que vincule al pasado, el presente y el futuro” (9), y la urgencia de promover la legislación cultural.
Previamente y en Oslo (1976), ya se había proclamado que la política cultural debía ser un instrumento para mejorar la calidad de vida de las comunidades urbanas y rurales y que Cultura sólo podía entenderse como dimensión dirigida “al desarrollo de los valores humanos, la igualdad, la democracia, el mejoramiento de las condiciones de vida, la libertad de expresión” y, sobre todo que “la política cultural no debe limitarse a medidas tendientes a desarrollar, promover y ampliar la difusión de las artes; debe, reconociendo la pluralidad de nuestras sociedades, conferirle una dimensión complementaria exaltando el respeto a la dignidad individual, de los valores espirituales, de los derechos de los grupos minoritarios y de su expresión cultural” (10).
La Convención en Oslo originó una especie de cataclismo conceptual entre las visiones clásicas que hasta entonces se tenía de Cultura. Partiendo de su experiencia altamente socializante insertó el tema entre las necesidades de la colectividad nacional, lo describió en forma horizontal, no vertical gubernativa como hasta entonces, y dedicó párrafos especiales al papel y responsabilidad social de los medios masivos de comunicación (11).
Con sus conclusiones la percepción exclusivamente esteticista de Cultura varió al insertársele dentro de las preocupaciones políticas, económicas, ambientales y de comunicación que forman parte usual de los problemas del desarrollo. Es más, se le integró a la vida humana real —es decir la diaria, la de la comida, el vestido, la migración, el trabajo, la salud— y le dio una dimensión constructiva, no sólo de ocio y placer. Abriendo el debate hacia la cultura como componente de la experiencia democrática, la liberó del dominio exclusivo de los gobiernos y los artistas para volverla fórmula complementaria de la acción comunitaria y revirtió el proceso: ya nunca más, excepto en círculos conservadores, se habló de Cultura como el derrame que las elites debían verter sobre la población, al estilo Luis XIV, y se la definió como participación global, como vivencia humana y fundamento cohesivo sobre el cual se erige la identidad —y por tanto la libertad— de una nación.


II.- Culturas
La relación anterior era obligada para que entráramos en materia pues nos sitúa desde ya en el conocimiento del camino que la noción de Cultura debió transitar desde su primigenia base artística a la noción de instrumento de desarrollo.
Muchos conceptos emanan de esa historia previa y, aunque no pueden ser desarrollados todos, ciertos de ellos merecen una revisión especial.
En primer lugar, es obvio que Cultura significa algo más que arte pero que no se desliga de él. Como ha sido repetido tantas veces, el arte es el vehículo más fluido para difusión de valores y de allí que no exista política cultural alguna sin que recurra a sus instrumentos de transmisión.
En el contexto moderno Cultura se entiende entonces como lo sintetizara la Comisión Presidencial de Chile en 1997, esto es, como el eje de equilibrio entre las fuerzas del desarrollo económico y el cultural, ya que se pretende: “desde el punto de vista internacional, un país abierto al mundo de la globalización y enfrentado a un desarrollo vertiginoso de nuevas tecnologías, y, desde el punto de vista interno, una sociedad que exige resguardar y respetar sus diversas identidades culturales y que se propone el desafío de lograr un equilibrio entre crecimiento económico, desarrollo cultural y equidad social.” (12).
Pero, ¿por qué Cultura es, en esos términos, considerada un eje de equilibrio entre fuerzas económicas y culturales?
Según García Canclini, se puede sistematizar seis modelos en los cuales se ha asentado usualmente la visión de Cultura:
1) La primera es el mecenazgo liberal, que apoya la “alta” cultura (de élite) pero que no establece estrategias globales para resolver los problemas, dejando de lado el tratamiento de la cultura popular y la cultura de masas.
2) El tradicionalismo patrimonialista, que se concentra en el folclore como signo de identidad nacional pero sin espacio para los aspectos conflictivos de las clases.
3) El estatismo populista, que privilegia a la cultura popular siempre que resida bajo control del Estado, el cual fija políticas y se erige como representativo único de todo lo nacional.
4) La privatización neoconservadora, cuyas empresas privadas, transnacionales y sectores tecnocráticos buscan reorganizar la cultura bajo las leyes del mercado y del consumo de bienes, retirando al Estado de cualquier intervención reguladora.
5) La democratización cultural, que concibe las políticas culturales como un programa de distribución y popularización del arte, la ciencia y otras formas intelectuales, facilitando el acceso igualitario a todos los bienes culturales, y,
6) La democracia participativa, que, según palabras propias de Canclini, “defiende la coexistencia de múltiples culturas en una misma sociedad y propicia su desarrollo autónomo y relaciones igualitarias de participación. Promueve la participación popular, la autogestión de actividades culturales y el desarrollo plural, intentando que los propios sujetos produzcan el arte y la cultura necesarios para resolver sus problemas y afirmar o renovar su identidad”. (13).
El mundo, sin embargo, no es plano, las categorías no son absolutas, y si se pudiera conservar los rasgos positivos de cada modelo quizás ingresaríamos a una síntesis propicia para la particular situación latinoamericana o del tercer mundo, una donde pudieran coexistir el mecenazgo con respeto a la individualidad, el fomento del folclore sin anclarlo como única expresión vital, la política de estímulo estatal, la participación de la empresa privada, un alto sentido de democratización de la cultura mediante su acceso igualitario, y a la vez asegurar la participación del ciudadano común en su gestión y desarrollo. Sin privilegiar a ningún modelo, esto sería lo ideal.
Ciertos supuestos deberían formar parte insoslayable de esa nueva concepción de Cultura para efectivamente constituirla en eje del equilibrio del desarrollo, a saber:

III.- Aproximaciones
A.- La concepción de Cultura como expresión tangible y en transformación de la forma de ser de una colectividad particular, donde se integran, negocian y desintegran a la vez diversos esquemas de vida y de apropiación de la realidad. Esa expresión se manifiesta a través de hábitos, costumbres y comportamientos, actitudes ante el mundo, formas de religiosidad y conductas de relación social, impregnado todo por prácticas y discursos que denotan un acercamiento constructivo o depresivo ante la existencia.

B.- La consideración de Cultura como un tejido vivo en que se antagonizan o reconcilian consideraciones sobre el pasado y el presente y que modelan por ende alguna visión del futuro.

C.- El entendimiento de que toda cultura particular tiene como residente básico memorias inmediatas y pasadas, a través de cuyo recuerdo o desecho se estructura una personalidad colectiva. Sabiendo reforzar esas memorias se puede acrecentar la autoestima de la población o inmovilizarla, ya sea con intenciones de romper o salvaguardar un status quo. En Francia las alusiones permanentes a su grandeza (grandeur) pasada nivelaron una autopercepción positiva entre los habitantes, permitiéndoles ascender a nuevos niveles de conciencia, mientras que en Bolivia y Perú la insistencia en la grandeza indígena ha contribuido más bien, en parte, a asegurar esquemas de explotación y subdesarrollo incompatibles con la modernidad.
Brasil es un caso cautivante: aquejado por graves problemas de desarrollo, dueño de enorme población, viciado en su tránsito por gobiernos civiles y militares que le extraviaron el rumbo, está por ascender a potencia mundial. Dentro de los países latinoamericanos es uno de los más distinguibles por su personalidad nacional, su impresionante capacidad creadora y su visión de empuje y lucha en la construcción de su identidad. Las experiencias de Brasil son valiosísimo modelo para otras naciones.

D.- Debemos contemplar también el conocimiento de que toda cultura opera, se transmite, y pervive o degenera, mediante lenguajes fuertemente simbólicos. Esos lenguajes comprenden una amplia gama que no alcanza a ser tratada aquí pero usualmente se estructuran bajo formas de íconos complacientes o repulsivos (Francisco Morazán o la “traición” española contra Lempira); representaciones de ansiedades y miedos a través del imaginario popular (la Sucia o Siguanaba, el Cadejo, el Sin-Cabeza); exageraciones zoomórficas que delatan otra vez incertidumbre y ansiedad (en la costa Atlántica se convive normalmente con la chinche del mal de Chagas pero se aplasta inmediatamente que aparece a la Mantis religiosa o “palito”); visualizaciones religiosas que van desde el evangelismo estricto a la catolicidad no practicante, y del monoteísmo ortodoxo al politeísmo disimulado (beatos, vírgenes y santos); un condensado cultural sólidamente articulado que se da en la literatura y las artes en general, así como ciertas otras formas más difíciles de plantear, por ejemplo la figura modelo del “vivo” mestizo, del ciudadano de la época colonial que tenía la gracia —pues eso era, una gracia— para engañar y subvertir al sistema podándole el pago de impuestos, negándose a ellos o asumiendo rebeldías de independencia. Cuando uno se detiene a considerar por qué el capitalino y los habitantes de Sonaguera figuran entre los más resistentes a pagar tributo, debe remitirse a la historia colonial: en ambos polos era donde se daba más insistentemente el contrabando y el antagonismo al dominio imperial. De allí se puede deducir, además, la razón de que en la actualidad se admire tanto al “vivo” que se enriquece a costillas de los demás burlando las regulaciones, una actitud que se condensa brillantemente en la frase moderna: “ese le entiende al trámite”.

E.- Los lenguajes simbólicos pueden ser administrados (manipulados) similarmente en forma constructiva o expoliativa. En tanto que la pretenciosa campaña de “gran ciudad” en San Pedro Sula aspira a reforzar cierta percepción autonomista de que goza el costeño, y que parte de raíces históricas, o bien en tanto se ensalza a Copán para atraer la atención sobre su rico patrimonio arqueológico, las campañas publicitarias sobre libertad e informalidad de que goza actualmente la juventud ayudan a vender mayores volúmenes de pantalones jean y cosméticos, o bien se asocia imprudentemente la firmeza de unos senos y glúteos juveniles (14) con la robustez de alguna cerveza. Esto hace pensar muy seriamente que mientras los analistas nos embarcamos en disquisiciones teóricas acerca de la Cultura, las fuerzas de producción de bienes comerciales hace largo tiempo que dedujeron su aplicación práctica. Debe considerarse su lección.

F.- En el estudio sobre la formación de una cultura debe tomarse profundamente en cuenta el impacto articulativo que ejerce siempre la ambientalidad natural, un factor que frecuentemente es desestimado al considerar la materia. La calidad de luz, por ejemplo, influye en forma directa no sólo sobre la expresión plástica sino sobre la condición anímica general; la ruralidad o las concentraciones urbanas condicionan irreversiblemente a la personalidad colectiva; la mayor o menor estadística de riesgo con respecto a desastres naturales forja diferentes visiones de mundo e incentiva una actitud estacionaria ante la vida o de aceptación transicional (el carpe diem, vivir el momento); la altitud geográfica construye igualmente actitudes de encierro y resguardo sobre los valores tradicionales, como en las comunidades montañesas, o de apertura, oxigenación y rompimiento, como en el litoral. En todo esto es esencial reconocer que las culturas aglutinan no sólo experiencias conscientemente asimiladas por el individuo y la masa (la historia, por ejemplo) sino también percepciones geofísicas que no se pueden controlar.
El caso de Holanda es modelo: su población se habituó al conocimiento de que habita permanentemente un territorio ubicado a siete metros bajo el nivel del mar, de equilibrio extremadamente frágil, de peligrosidad diaria, y por ello, o contra ello, el holandés desarrolló la cultura más tolerante del planeta. Una práctica interesante entre nosotros sería confrontar las cosmovisiones de los ciudadanos de La Esperanza y de Langue, para aquilatar sus acondicionamientos al influjo climático.

G.- Un aspecto de suma preocupación para estudiosos del tema es el vínculo entre cultura y ética. Con mucha frecuencia se unifica a ambas y se habla de “cultura de la violencia”, “cultura alcohólica”, “degeneración cultural” o “nación sin cultura” para referirse a ciertas deficiencias morales y de urbanidad. Esta es una vertiente sumamente delicada ya que hasta donde se conoce no existen pueblos inmorales sino inducidos a la inmoralidad. Con excepción de patologías individuales, no hay referencia alguna a macrosociedades o grandes colectividades genéticamente inclinadas al mal y, aludiendo más bien a subculturas o contra-culturas, tales términos lo que reflejan es frecuencias y tendencias, estadísticas crónicas acerca de determinados desórdenes sociales.
Toda sociedad, incluso las primitivas, desde luego que se rige por éticas. Estas se estructuran sobre un canon aceptado de permisividad, oral o articulado en códigos, dependiente a la vez del grado de respeto que se le tenga y de su aplicabilidad, o sea de la capacidad social para ejercer esa ley aceptada y reforzar su vigencia, retornando a los límites y normas estipulados al transgresor mediante formas consensuadas y compulsivas cuya función es desarrollada por los aparatos ideológicos (AIE) y los aparatos represivos (ARE) del Estado (15).
Desde el punto de vista general este es quizás el aspecto más polémico de la cultura hondureña, preocupación que se refleja en la observación tan repetida de que “hemos perdido valores” y que se escucha a diario. 
La frase revela un intenso contenido de comprensión popular sobre lo que es Cultura. Acepta inmediatamente que existimos dentro de una red de valores que en algún momento o momentos hemos forjado y que validamos como reglas para convivir. Que esos principios sociales nos permitieron durante algún período algún tipo de estado o equilibrio de reducidas tensiones, o sea de ansiedades y temores manejables. Pero que también en algún instante ese balance se rompió y extralimitó la capacidad que la población tiene para vivir con incertidumbre, acentuando a esta y poniendo en duda o volviendo obsoletos a dichos valores.
Este es un autodiagnóstico extraordinario y de incalculable valor, inigualado por el mejor psiquiatra. El cuerpo vivo que es la sociedad nos está diciendo dónde residen sus pesares, cuál es su mayor dolencia, y la dolencia es cultural. No repite “perdemos vidas todos los días por la violencia”, o “perdimos viviendas y escuelas por el Mitch” u otro desastre, sino que se lamenta de haber extraviado valores.
Hay cien deducciones que se pueden extraer de esta observación pero baste una sola: en la misma frase donde la sociedad se queja de haber sido desorganizada su red de principios comunales nos está pidiendo que se la restituyamos, es decir, advierte con alarma que no puede seguir sosteniendo su estructura o tejido, que no puede construir, trabajar o elaborar el futuro si no se le vuelve a dotar o se le refuerza su canon de comportamientos aceptados. Está reclamando pues liderazgo, una nueva moral, un refrescamiento de su plataforma ética, ya que sin esta toda la edificación física, material y económica queda sin sustento, sin asidero y respaldo. Ahora se comprende por qué este Taller posiciona a la Cultura como eje del desarrollo.

H.- Con el tiempo y los recursos suficientes toda cultura puede ser modelada. Adolfo Hitler, valga tan triste ejemplo, levantó de la postración a Alemania, mientras que Winston Churchill desarrolló entre su gente una energía tan vasta de resistencia que no se le pudo doblegar.
Varios son los actores tradicionalmente ocupados en modelar culturas, siendo protagónicos los líderes religiosos, los del Estado, los educativos y, al presente y por sustitución, los medios masivos (16). La historia de Honduras es interesante en ese aspecto. Desde la época colonial hasta la integración del Estado independiente (1840) el órgano rector de modelación social fue la Iglesia; durante el período republicano cobró relevancia paulatina la orientación del Estado y su circuito pedagógico, hasta finales de 1960 en que los medios masivos (radio al inicio, televisión después) no sólo compartieron esa función sino que en algunos estamentos (de iletrados, por ejemplo) asumieron en casi totalidad la tarea “formativa”.
La sociedad hondureña pasó, así, por diversas etapas de estabilización y aceleración en el proceso de construcción de su identidad nacional. Durante su fase mayoritariamente rural los cambios de percepción fueron usualmente exógenos y de origen lejano (colonialismo, liberalismo); durante la república las fuerzas políticas modificadoras se hicieron más cercanas (Doctrina Monroe, Marcus Garvey, revolución rusa), mientras que tras mediar el siglo XX el motor del cambio surgió en gran parte desde abajo (revolución cubana, esfuerzos internos por superar a las dictaduras militares, por recobrar el gobierno civil, por los derechos humanos y la democratización) coincidente con una pronta urbanización y un acceso más libre a la información universal. Todo esto comprendido desde luego en términos amplios y relativos.
La cultura nacional, que es decir la identidad local, se modificó pues a pasos acelerados en el siglo anterior. De aquella estructura tranquila y estable que había sido el Ser hondureño se pasó a una agitada ebullición social, o sea cultural. Nuevas ideas roturaron los esquemas fijos, la minifalda y la pastilla anticonceptiva trastocaron de plano las fórmulas de interacción sexual, la mayor densidad demográfica y la mayor concentración urbana despertaron nuevas necesidades culturales, otros apetitos que el cine y la televisión se apresuraron a satisfacer. Y es en ese instante, hacia 1970, cuando la burbuja tradicional se rompe completamente, maduran generaciones que desconocieron a las dictaduras y las guerras civiles, generaciones ajenas a la herencia del odio familiar partidarista, deseosas de inaugurar su propio mundo.
Y como la iglesia se ha desprestigiado, anquilosada en su propia repetición; como el Estado abandona su papel conductor o bien muestra un liderazgo sucio y corrupto; como la escuela está volcada hacia el pasado y ha extraviado dignidad, el polo único que queda —moderno, global, innovador, fresco, inventivo— es la televisión, pero la televisión ha sido copada por comerciantes, no por educadores, y las consecuencias de ese desfase son las que estamos sufriendo hoy.
Es imposible abarcar las grandes implicaciones de este tema pero valga concluir que si los medios masivos hubieran sido administrados éticamente durante 25 años para hacer que se dignificara a la población, y no para viciarla y enajenarla, el proceso cultural hondureño, y por tanto el reforzamiento de su identidad, se encontrarían hoy en un estadio superior (17). Como señalara el Consejo Superior del Audiovisual de Francia en 1980, dado que la identidad nacional es imagen, la imagen que los franceses tienen de ellos mismos, “y siendo que el audiovisual juega un rol enorme en la construcción de dicha imagen, debe entonces ligarse a la cultura con el fin de conservar la identidad cultural nacional”. (18).

IV.- Conclusiones
Hay muchos más elementos que podrían ser analizados pero esto es sólo una conferencia, no un curso intensivo sobre el tema cultural, del que ustedes sin duda, por sus valiosas profesiones e investigaciones, conocen más que yo.
Existen ciertas tareas que los trabajadores de Cultura —u Operadores de Cultura, como se les llamaría hoy— están obligados a tomar en consideración. Un Apéndice, alimentado desde diversas conferencias intergubernamentales, las enlista parcialmente al final de esta plática para su posterior reflexión.
Pero también podemos extraer otras deducciones básicas.
1) Para comprender el fenómeno hondureño y asignar a la Cultura el papel de eje de desarrollo es urgente precisar la estructura de las necesidades culturales de la población. Obsérvese bien que no he dicho “precisar las necesidades” sino “precisar la estructura de las necesidades culturales” pues las mismas no existen aisladas sino que rotan en torno a un proyecto de nación que, aunque no haya sido escrito, supervive allí en el condensado psíquico de los habitantes.
2) Ello permitirá recalcar que sin desarrollo cultural no existe desarrollo integral. Los pueblos necesitan administrar saberes cada vez más avanzados sobre el dominio político para robustecer a su estamento político; mayores conocimientos económicos para exigir la orientación o reorientación de su economía nacional; mayor teoría democrática para ejercer debidamente la práctica democrática; mayor percepción de ellos mismos, de su autoestima y su identidad para no hipotecar sus bienes naturales, entregar la soberanía o sucumbir ante culturas poderosas. Sin educación popular, y por tanto cultural, pueden darse diversos avances pero no dignidad y progreso.
3) Para alcanzar esos objetivos debe privilegiarse, sin concesiones de ninguna clase, la libertad de información, de comunicación, de reunión y de expresión a sus más altos niveles.
4) El desarrollo cultural debe asumir prioridad. No porque así lo estimemos quienes nos ocupamos de esa materia sino porque ningún cambio social es posible sin antes haber sido concebido y apropiado por las fuerzas protagonistas del cambio. La primera transformación se opera en la psiquis de los transformados pues con ello se asegura la voluntad, la disposición y la energía para efectuar variaciones al status quo. Es además el mejor estímulo para la creatividad popular, que una vez despertada y sostenida es inacabable, conduciendo a un mundo mejor. La forma de lograrlo es solamente a través de la democracia cultural (19).
5) Democracia cultural implica participación. Participación genuina en la elección política y económica pero también en la escogencia de los contenidos de los medios de comunicación, en la apertura de dobles vías para la reflexión y la crítica, en la instauración de vehículos de expresión (plazas públicas, acceso a los medios, formas independientes) que faciliten oxigenar el pensamiento social. La cultura es un ente vivo que necesita manifestarse, condensarse, radicalizarse, conciliarse, y ello sólo es posible en libertad. Libertad para tratar temas religiosos y sexuales, anodinos o sustanciales, profundos y vanos, es decir la libertad para disfrutar de la libertad. (20).
6) Entre nosotros debe imponerse un énfasis vigoroso, inclaudicable y persistente sobre el papel constructivo o destructivo que practican en el presente los medios de comunicación. Dado que no podemos aprobar la conclusión del FONAC de que se requieren 25 años de educación formal para transformar a la sociedad —lo que es una operación eminentemente cultural—, veinticinco años que no podemos esperar, debe también aceptarse que hay otros recursos disponibles para acelerar ese proceso y que pasan inevitablemente por los medios masivos. Si se utilizan la radio y la televisión para educar y formar culturalmente al país hasta cierto nivel deseado de cambio, se producirán frutos medibles en cinco a siete años, bajo objetivos precisos, y no hay razón o excusa para no ponerlo en práctica excepto los compromisos que existen para no afectar intereses privados y mezquinos.
7) Finalmente es importante aproximarse a la comprensión de nuestra cultura desde una óptica interdisciplinaria, ya que es imposible abarcar todas sus facetas con un solo ángulo científico. Para aprehender ese fenómeno complejo necesitamos la colaboración plural, propia de los hoy llamados “estudios culturales” y que convocan a un solo tablado los oficios de la sociología y la antropología, la semiótica y las artes, la filosofía y la ciencia, la estadística e incluso la medicina forense, es decir, el conocimiento universal. Muy propio, muy al estilo moderno pues nadie se atrevería a extraer conclusiones definitivas sobre la personalidad de un pueblo —que eso es en realidad Cultura— sin abarcar todos sus aspectos.
Gracias por su fina atención. Como dije al principio, esto es sólo una provocación intelectual y por lo tanto quedo atento a sus reacciones. Hablemos entonces.


NOTAS
(1) Passim. J. Escoto. EL OJO SANTO, LA IDEOLOGÍA EN LAS RELIGIONES Y LA TELEVISIÓN, Tegucigalpa, UNAH, 1990.
(2) El CEMA partía de antecedentes muy prolongados. Ya en 1891 y 1892 habían sido legisladas la Museums and Gymnasium Act y la Public Libraries Act. Desde 1925 toda la radiodifusión había sido catalogada como servicio público dedicado a fortalecer la salud espiritual de la nación.
(3) En Alemania la inversión cultural se establece sobre la Base Presupuesto/Población. Así, en 1967, cuando se inició el sistema, el promedio dedicado a ese fin era de 27 Marcos presupuestarios por habitante, de los cuales el mayor aporte era municipal. La radio y la televisión fueron administrados desde entonces por los Länders. Hacia 2000 la inversión presupuestaria en Cultura se aproximaba a los 6000 Euros por habitante.
(4) Con antecedentes históricos en el mecenazgo real de Luis XIV, el Colegio Real, la Academia Francesa, Biblioteca Real, Academia de Roma, Manufactura Real de Gobelinos, Comedia Francesa y, durante la Revolución, la conversión del Palacio Real de Louvre en Museo nacional, entre otros.
(5) E. R. Harvey. ESTADO Y CULTURA, UN ANÁLISIS A FONDO, Bs. As. Depalma, 1980. p. 80.
(6) Otras instancias relativamente contemporáneas fueron: Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (México, 1946); Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Brasil, 1937); Casa de Cultura de Ecuador (1945); Instituto Nacional de Bellas Artes (Venezuela, 1960); Instituto Colombiano de Cultura (1968), otros.
(7) Conferencia Intergubernamental sobre los Aspectos Institucionales, Administrativos y Financieros de las Políticas Culturales.
(8) Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales en América Latina y el Caribe, Bogotá, Enero de 1978, convocada por UNESCO. Previamente habían ocurrido las regionales concernientes a: cultura europea (Helsinki, Finlandia, 1972); cultura asiática (Yakarta, Indonesia, 1973); cultura africana (Accra, Ghana, 1975).
(9) E. R. Harvey, op. cit.
10) Conferencia Intergubernamental Europea, Noruega, 1976.
(11) “4) La política cultural debe comportar un aspecto innovador y alentar el desarrollo de una vasta gama de actividades socioculturales nuevas a fin de que todos puedan participar activamente en la vida cultural de su comunidad, lo que contribuirá notablemente a reconciliar las generaciones. 5) Debe promoverse las actividades dirigidas a un público específico, en especial para las poblaciones en zonas rurales o difícilmente pobladas, trabajadores manuales, etc., y asegurar las instalaciones necesarias a sus actividades; por ejemplo, alentando el uso de nuevos circuitos de distribución, favoreciendo nuevas técnicas y ofreciendo, en el plano local, una amplia gama de edificios, sea construyéndolos especialmente, sea utilizando bibliotecas, escuelas, salas de reunión, etc. 6) La política cultural, que presenta un importante aspecto educativo, debe en particular, por un lado, reunir medios que permitan a los niños ejercer sus facultades creadoras y llegar así a la expansión de su potencial cultural y, por el otro, suscitar una nueva sensibilidad estética respecto del medio ambiente. 7) Interesa alentar una actitud más crítica frente a los productos de los medios masivos y velar para que los interesados dispongan de una gran elección de productos y puedan expresarse por los diferentes medios. 8) La política cultural debe en particular combatir los efectos negativos de la comercialización de una producción cultural masiva, en especial ofreciendo variantes de calidad, suscitando una gran variedad de productos y aprovechando mejor los recursos de cada comunidad cultural.” Convención Cultural Europea, Oslo, 1976.
(12) Comisión Asesora Presidencial. CULTURA, Santiago de Chile, Mayo 1997.
(13) Idem, p. 21.
(14) El mayor porcentaje demográfico de Honduras es actualmente (2003) menor de 30 años.
(15) “El prestigio de la Nación y el bienestar general serán promovidos mediante el reconocimiento de que las artes y el espíritu creativo que las motivan, y que ellas personifican, constituyen una parte valiosa y esencial de los recursos de la Nación.” National Arts and Cultural Development Acts, 1964.
(16) Louis Althusser. ESCRITOS, BARCELONA, Editorial Laia, 1974.
(17) François Chatelet et al. HISTORIA DE LAS IDEOLOGÍAS. Los mundos divinos (hasta el siglo VIII). De la Iglesia al Estado (siglos IX al XVII), Madrid, Zero Zyx, 1978.
(18) En muchos países europeos los medios de comunicación masiva son estrictamente regulados por las políticas culturales del Estado (particularmente radio y televisión), el que, como en Inglaterra, supervisa el contenido de las emisiones, en Francia obliga a seguir pautas de beneficio popular, y en Países Bajos estipula volúmenes de transmisión dedicados al estímulo cultural.
(19) Sylvie Blum. VIE CULTURELLE ET POUVOIRS PUBLICS, París, La Documentation Française, Edition Libre Convenué, Guadaloupe, 1982.
(20) “El crecimiento y florecimiento de las artes reposa sobre la libertad, imaginación e iniciativas individuales”. (National Arts and Cultural Development Acts, 1964).

(ILUSTRACIONES: Vinciguerra "Lenca con jarrones"; Visquerra "Revolución del sexo; Lara "Eva", y, Laínez),

APÉNDICE
Función de Trabajadores (Operadores) de Cultura
Entre otros estamentos culturales, se debe:
1) Fijar la definición básica de la Estructura de Necesidades Culturales de la Población, un tema controversial pero necesario.
2) Toma de conciencia sobre la función del desarrollo cultural como dimensión y finalidad del proceso general de desarrollo de la sociedad, más allá del crecimiento económico.
3) “Todo esfuerzo de desarrollo debe dirigirse hacia el desarrollo completo del hombre, abarcando tanto los aspectos materiales y sociales como los espirituales y morales, en un armonioso equilibrio. Nuestro empeño no tiene, pues, por objeto el mero desarrollo cultural; debemos también lograr la culturización del desarrollo. Siguiendo esta política superaremos fácilmente los defectos que nos salen actualmente al paso en el desarrollo moderno”. (Presidente de Indonesia en: Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales en Asia, Yogykarta, 1973).
4) “La filosofía del desarrollo integral debe contemplar al hombre tanto como creador de bienes materiales económicos cuanto como de bienes de cultura”. (UNESCO. Primera Reunión Interamericana de Directores de Cultura, Washington, 1963).
5) “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le corresponden por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.” (Art. 27, Declaración Universal de los Derechos Humanos, ONU, 1948).
6) “Toda persona tiene el derecho de participar en la vida cultural de la comunidad, gozar de las artes y disfrutar de los beneficios que resultan de los progresos intelectuales y especialmente de los descubrimientos científicos. Tiene asimismo derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le corresponden por razón de los inventos, obras literarias, científicas y artísticas de que sea autor”. “Declaración Americana de los Deberes y Derechos del Hombre”, Art. XIII. Novena Conferencia Internacional Americana, Bogotá, 1948
7) “La cultura no es ya sólo una acumulación de obras y de conocimientos que una minoría selecta produce, recoge y conserva para ponerlos al alcance de todos, o que un pueblo rico en pasado y patrimonio ofrece a otros como un modelo del que les habría privado su historia; que la cultura no se limita al acceso a las obras de arte y a las humanidades, sino que es al mismo tiempo adquisición de conocimientos, exigencia de un modo de vida y necesidad de comunicación; que no es un territorio que ha de conquistarse o poseerse sino una manera de comportarse consigo mismo, con sus semejantes y con la naturaleza; que no es solamente una esfera que conviene todavía democratizar sino que se ha convertido en una democracia que es necesario poner en marcha”. (Recomendación I. Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales de Europa, 1972).
8) “La identidad cultural nacional es hoy concebida como estrategia global destinada a preservar, conservar, consolidar y proteger el patrimonio cultural nacional, como factor de supervivencia para las naciones jóvenes, pero también como defensa cultural de una nación frente a los embates de los expansionismos extraños a los auténticos modos de vida de los pueblos”. E. R. Harvey. “Política cultural, desarrollo nacional y seguridad del país”, Ponencia, XIX Curso Superior de Defensa Nacional, Buenos Aires, 1972.
9) “Cualquier intento de desarrollo de un país debe ser cultural, además de económico y social, si se busca integrar armónicamente la relación individuo-sociedad-Estado”. (Conferencia Intergubernamental de Venezuela, 1970).

10) ESTRATEGIAS DE DESARROLLO CULTURAL (Condensación):
a) Sostener las instituciones de conservación y difusión de la cultura y del patrimonio cultural (museos, bibliotecas, galerías de arte, teatros, salas de concierto) replanteadas con enfoques rentables y moderno;
b) Regular los entornos rural, urbano y semiurbano mediante planeación equilibrada entre necesidades de desarrollo cultural y de desarrollo material-económico;
c) Promover una infraestructura cultural orientada a satisfacer las demandas masivas comunitarias, deseosas de bienes culturales para mejores niveles de educación, ingresos y tiempo libre;
d) Alentar a la iniciativa privada para producir bienes culturales asequibles (libros de bolsillo, discos compactos) a precios bajos, cuidando que el afán de lucro no distorsione la calidad de los bienes;
e) Producir con subsidio ciertos bienes culturales para uso de instituciones, organizaciones, grupos, escuelas y entes educativos o de familia, para acelerar el progreso cultural de la comunidad;
f) Desarrollar o patrocinar emisoras educativas y televisivas que, sin renunciar a la publicidad comercial selecta, integren a las fuerzas vivas y estimulen la producción cultural de calidad;
g) Fomentar la actividad creadora de artistas en clima de total libertad de expresión;
h) Crear recursos financieros e incrementar las partidas destinadas al gasto e inversión culturales dentro el presupuesto del Estado, como mecanismo indispensable para implementar una política cultural con sólida base rentable y económica;
h) Preservar los valores originales de la cultural local, regional y nacional, cuidando que se mantenga el equilibrio recíproco y fecundo entre ellas y la influencia de otras culturas;
i) Difundir los valores auténticos de la cultura nacional, principal factor capaz de evitar la alienación y la desintegración de la comunidad, y de orientar al país hacia un destino común;
j) Apoyar financieramente a las instituciones privadas que tengan como fin el cultivo de la identidad y las artes, las letras y la cultura, y coordinar cuando fuere necesario la acción de ellas a fin de no duplicar esfuerzos y multiplicar resultados;
k) “La acción cultural del Estado debe ser siempre de incitación”. (IV Plan de Desarrollo de Francia).
l) “El estímulo, por medio de leyes y otros procedimientos apropiados, para el establecimiento de fundaciones nacionales con fines culturales”. (Conferencia de Venecia, 1970).
m) “La afectación de una proporción adecuada de los presupuestos públicos del Estado en correspondencia con las necesidades culturales nacionales”. (Venecia, 1970).
n) El acopio y elaboración de estadísticas, especialmente en materia de gastos culturales de los poderes públicos y de los particulares, y el establecimiento de indicadores del desarrollo cultural que permitan su inserción dentro el esquema de desarrollo general de la sociedad;
o) Integración de los valores culturales en los procesos educativos;
p) Fomento de la creación y educación artísticos;

q) Formación de personal para el desarrollo cultural (Gerentes y Administradores Culturales).

14 julio, 2015

El artista y su ciudad
MI INFANCIA Y LOS ANIMALES POLÍTICOS
Julio Escoto

EL ENCONCHE
La sentencia aristotélica, aquella de que el hombre es animal político porque existe en comunidades y autorregula sus formas de convivencia procurando que la sociedad progrese en paz, no era cierta a mediados de 1950, cuando a mis diez años presenciaba yo las más heridas pasiones ideológicas, en pleno auge de lo que luego llamarían guerra fría y cuando nacionalistas y liberales del patio interior amenazaban arrancarse unos a otros las cabezas y emplearlas en prácticas de fútbol.
Mi primer susto de niño en torno a las disputas que los hombres sostienen más allá de la propiedad de un terreno, de una pistola o una mujer ––nítida expresión del machismo secular latinoamericano–– me la proporcionó la huelga bananera de 1954, cuando se produjo la polarización social más intensa del siglo, más incluso que la guerra de 1924, ya que en aquel caso particular el enfrentamiento se daba entre cierta “hondureñidad” ––representada por el campeño, símbolo al fin de lo nuestro incluso si no nos identificábamos con él–– y un poder ajeno y prácticamente omnímodo, que era el de las empresas fruteras, por 60 años dueñas del entorno costeño y por poco del alma nacional.
Eran discusiones encendidas las protagonizadas desde la mañana al almuerzo y la cena: la causa obrera tenía razón pues los salarios eran injustos y en los campos se le explotaba //opuesto a// el capital extranjero es necesario, da trabajo y trae progreso, nos hundimos si los gringos se van //contrario a// la huelga es reivindicación patriótica //opuesto a// todo es conspiración comunista...
Por alguna fuente que debí mamar del seno doméstico o la escuela ––¿dónde si no?–– mi simpatía se inclinaba por aquellos millares de desarrapados, usualmente analfabetos, que se habían atrevido a alzar banderas insurrectas contra el statu quo en el propio pálpito del imperio, y quienes parecían infectos de una contagiosa bacteria de solidaridad que los hacía hermanarse todos, sobrevivir apiñados cociendo guineos verdes, su única alimentación, y sobre todo soñando en conjunto, ideando en conjunto a los triunfos de la justicia, la esperanza y el amor.
Por ese período vino discreto a casa un señor de caribe acento y oblongos lentes militares en su faz; buscaba armas. La noche previa mi padre desempolvó y lubricó una que guardaba encima del armario tallado en caoba, envuelta en bolsa de nylon para bananina (sustantivo ese proveniente de NY-London) y al mediodía se fueron al patio, yo detrás, para practicarla. Estallaba con soberbio escándalo, lo que provocó que cipotes vecinos, incluso las mamás, aparecieran sobre la tapia, pero tampoco inspiraba terror, sería una M3 o una Madsen 50 de la segunda guerra, culata plegable, que se atascó (el término por entonces correcto era “se enconchó”) a la primera ráfaga, tras lo cual mi padre sustituyó la munición con otra fresca y el comprador la adquirió satisfecho. Sólo más tarde vinimos a conocer que era un agente de Carlos Castillo Armas, el militarote que emprendía una revolución financiada por la Agencia Central de Inteligencia contra el gobierno guatemalteco de Jacobo Árbenz Guzmán, tildado de comunista.

EL JULIO MALO
Me gusta creer que vine a la vida genéticamente dispuesto contra la injusticia, aunque no es verdad. Desde muy infante sufría porque le pegaran a mis hermanos, y a mí mismo, más de lo que debía doler como castigo, momentos aquellos en que el enojo, la furia y el rencor asentaban duramente sobre nuestras espaldas la mano del padre o la madre. Peor cuando el vecino le daba con palos al hijo o la madre brutamente lo chancleteaba, me envolvía en indignación, temblaba de ira, me prometía jamás emplear tan vulgares términos dirigidos a mis vástagos cuando los tuviera pues ningún pecado de esa edad justifica a padres groseros... Era el calibre del machismo que temprano aprendí ––y detesté–– ya que sólo ocasionalmente se daba igual contra las hijas.
Con los estudios, la reflexión y preguntas en algunas entrevistas he venido a deducir que lo que más odio (lo único que odio) es la potencia de humillación que un ser humano posee sobre otro. Que uno fustigue al prójimo y lo domine contra su designio, que ejerza violencia para doblegarlo, que irrespete su más íntima condición de dignidad es para mí gravemente abusivo. Y de allí que siguiera con estremecida atención las noticias que transmitían las radios de Tegucigalpa ––HRN y Comayagüela, ambas de AM que por curiosos balances atmosféricos, o por repetidoras, oíamos en Valle de Sula–– cuando en 1956 narraban ––entre censura y autocensura–– los enfrentamientos que a culata y palo escenificaban las fuerzas represivas de la tiranía de Julio Lozano Díaz con los movimientos estudiantiles, específicamente del FRU (Frente de Reforma Universitaria) en Plaza La Merced y aledaños.
Se encendía mi imaginación, me maravillaban la osadía, astucia y pundonor de aquellos jovencísimos combatientes y luchadores que tenían la malicia de iniciar las marchas de protesta con cuadernos bajo el brazo pero que al circundar los perímetros de casa de gobierno descapotaban un camión allí convenientemente estacionado y bajaban los garrotes de guayabo que portaba, para resistir a la policía defensora del régimen. Recrudecían entonces los combates, casi de tarde en tarde, inútiles para tumbar al dictador...
Hasta que una mañana sin disparos, alborada de otoño en Tegucigalpa tropical, cierto avión voló y otro luego que ronroneó en torno a sede de gobierno y don Julio bien que entendió, compuso los cativaches y se fue como Pierrot por las aceras ––era pequeño y enjuto, con severa disciplina a lo Musolini y Hítler–– al cercano exilio de su mansión en barrio Bellavista, encumbrado norte de la ciudad capital. Sin vergüenza declaro que, como universalmente todos, aplaudí el ascenso de un nuevo actor al tablado de la política local: los salvadores militares.
Ninguno se extrañe, pues, de que mis iniciales aprendizajes sociales se hayan tintado a la vez con ilusión y decepción, como en modo impío vendrían a demostrar los años posteriores cuando precisamente ese incipiente actor se salió de la épica y en vez de dramatizar a Hércules o Héctor héroe se transformó en sayón romano traidor, envilecido por la guerra fría del imperio. Menos de una década más tarde, en 1963, el estamento castrense desencadenaría el tres de Octubre una matanza carente de explicación, cruel como innecesaria, al derribar a un gobierno constitucionalmente definido que a 116 días de su ocaso preparaba mutis. No se le permitió, como no se permitió al pueblo, escribir su destino ni sentenciar el menor veredicto histórico: los militares ascendieron al poder entre nubes de gloria y partieron de él décadas más tarde, en 1982, envueltos en la más ignominiosa sombra de nepotismo, represión y corrupción. El vicioso ciclo de confianza y deslealtad volvería a repetirse en 2009...

MATANDO AL REY
En 1960 los Hermanos de La Salle, maestros de mi instituto colegial, dispusieron celebrar cierto onomástico con una velada bufa, que por entonces era de atractiva comicidad para las gentes. Al evento, escenificado en el segundo piso del “palacio” municipal, entonces terraza, asistirían crema y nata de Sula, particularmente la burguesía citadina que educaba a sus hijos en el mencionado instituto ––los Rivera, Pérez, García, Galdámez, Moreira, Votto, Murillo, Coello, Rivas, Heyer, Peraza, Martínez, Mata, Zelaya, Baraona, Sabillón, Bográn, Herrera–– así como cierta clase comerciante que por entonces principiaba a destacar y a la que sólo tres años antes (1957) se le había consentido ingresar al Casino Sampedrano, sede exclusiva y exclusivista de la flor de la prosapia local. Ese segundo estamento estaba integrado con apellidos extraños a los que empero se recibía fraternamente: Hándal, Andonie, Saybe, Kawas, Boadla, Larach... Aún no emergían en el panorama otros como Canahuati, Faraj, Facusé, Náser, que son de más reciente ingreso.
Ilusionaba la revolución cubana, el espíritu de calle era de un triunfalismo subversivo que desde luego no todos compartían pero que inflamaba de ilusión a los reprimidos por el previo gobierno de Tiburcio Carías Andino, prolongado por 16 años, así como por el cercano intento autoritario de Julio Lozano. En la memoria colectiva destellaba la heroica faena de 1954 que, a pesar de los obligados fracasos, había variado a profundidad las condiciones laborales vigentes en el “enclave bananero”. Peco de sencillo, pues, al afirmar que aquellas nobles gestas colmaban de fe a grandes masas paupérrimas y deprimidas, hastiadas de sobrevivir década por década, generación tras generación, bajo el yugo de élites dominantes incapaces de concebir al desarrollo como la mejor fórmula de paz. Aquí iba a estallar algo, se veía venir con el tiempo...
Por lo mismo ideamos con otros alumnos darle buen susto al rey bufo, que era el queridísimo Chepe Yacamán. De algún padre conseguimos una Smith&Wesson revólver y con influencias compramos munición de salva, es decir no letal. El escogido para el metafórico magnicidio fui yo y todavía me pregunto qué características psicológicas detectaron los compañeros en mi persona para asignarme tan atrevida como iconoclasta representación. El sábado de gran gala, colmado de público el salón, me deslicé entre los maquillados príncipes del escenario, las enjoyadas majas, los uniformes de la banda de guerra, el engolado presentador o maestro de ceremonias, los redondos Hermanos de La Salle ––que autorizaron el “regicidio”, serían republicanos–– y convenientemente vestido de paje halé el gatillo ante al trono real. Tres de las balas de fogueo explotaron, otras no, pero se había conseguido el escándalo, la función histriónica fue un éxito. El Rey, sabido de la jugada, se echó de lado y fue rápidamente confortado por la reina, quien le alzó el brazo derecho en seña de supervivencia mientras arrancaba en los cucarachados parlantes la Marcha Triunfal... Todavía no sé que implicó aquello pero presiento que marcó algún signo político en mi conciencia social...

EN LA VEJEZ
A mis sesenta y tantos años reconozco que la experiencia política que conocí y he vivido fue decepcionante, siempre de frustración. Nací bajo la égida de una feroz dictadura y al semestre de venir al mundo me estremecieron, a doscientos metros de la cuna, los balazos de la matanza de 1944 en el centro de mi ciudad. A los diez años aprendí que el mundo no es armónico sino que se desenvuelven en él, se cruzan y latigan opuestos intereses, cosa que me educó la huelga del 54. Dos años adelante entendí, con la represión de Julio Lozano Díaz, lo que eran dictadura y golpe de Estado. Menos de una década después (1963) la defenestración de Ramón Villeda Morales me convenció de la ruindad de ciertos hombres y de la ingenuidad y pureza de otros.
Y hoy, transcurrido el siglo XX y avanzado el XXI puedo declarar espontáneamente y sin rubor que no hay esperanza, que acabó la ilusión. Pero que por lo mismo debemos revivirla y remendarla, ladrillarla y confeccionarla de tal forma sólida que jamás ningún suceso la afecte y distorsione y que ello sólo es posible vía lo solidario y lo fraterno, vía nuestra resistencia contra la maldad...
Tuve que arribar a viejo para conocer lo que es lo sustantivo y esencial, pero tal ha de ser el misterio de la vida y de la misión del hombre sobre la tierra: saber.-

Revista NOCTURNAL.

22 mayo, 2015

CONVERGENCIAS CULTURALES
EN LA REGIÓN Y CON ALEMANIA
Julio Escoto MA

30 AÑOS DEL SERVICIO ALEMÁN
DE INTERCAMBIO ACADÉMICO (DAAD)
San José, Costa Rica - Mayo 13, 2015

…la ciudad alemana de Berlín marcó el inicio del mundo bipolar (USA-URSS) en Mayo de 1945 con la toma por el Ejército Rojo del parlamento alemán y fue esta misma ciudad la que marca el principio del mundo monopolar y el inicio de la globalización capitalista neoliberal con la caída del muro en Noviembre de 1989.

A Helmut Lutz, maestro cervecero.

A
ntes de escribir la primera palabra de esta plática, llamada conferencia, tuve muchas dudas e inquietudes.
El director, Michael Eschweile, me había pedido referirme al proceso de construcción académica forjado desde el DAAD en los pasados treinta años, pero debí declinar tan honrosa distinción pues soy inexperto en el tema.
Propuse más bien derivar esa indagación hacia el proceso de influencias culturales generadas por la cultura alemana en Centroamérica, hasta desembocar en la exitosa como extraordinaria labor del DAAD, ya que allí me sentía más cómodo.
Comencé entonces una ambiciosa búsqueda de informaciones interesantes y partí a revisar mis libros, revistas y folletos en torno a la materia, ocurriéndome con que a cada entrada en mi biblioteca, a cada tomo que exploraba para comprobar lecturas previas, el mundo de la presencia alemana, en general, se abría como selva frondosa que amenazaba tragar el tema de mi conferencia.
Allí descubrí que al primer germano que llegó a León, Nicaragua, en 1810, la gente lo llamaba, por no poder pronunciar el nombre, “Don Alemán”, quizás originario de Hamburgo o Bremen, y que era un comerciante que vendía “productos del país como cacao, índigo, cochinilla, nácar, carey, hule, así como también importaba artículos europeos[1]”.
Décadas más tarde, en 1881, la institutriz María Soltera, que viene contratada desde Londres, mientras viaja de Amapala a San Pedro Sula se encuentra con un prusiano, el Dr. M. G. Gaertner, por veces nombrado Fritzgaertner, quien llegó a ser minero y geólogo del gobierno hondureño. Gaertner es el fundador del segundo periódico en idioma inglés publicado en Centro América, el bisemanario Honduras Progress[2].
Casi al mismo tiempo, en 1880, el alemán W. Goodyear concluye el primer reconocimiento científico de los volcanes de El Salvador, de los que cataloga 177, y tiempo después Karl Sapper extiende esa investigación y publica su densa obra “Volcanes de América Central” (1925).
Cuando se reorganiza la Escuela Militar hondureña, en 1904, surge otra influencia alemana indirecta al contratarse al Capitán chileno Luis Oyarzun, quien establece planes de estudio y disciplina calcados del ejército de Chile, a su vez saturado con influencias alemanas desde 1885. Encanta a la tropa el nuevo fusil Mauser Werke y las tesis de estrategia son esencialmente prusianas[3]. Entre sus egresados surgen los luego generales Vicente Tosta Carrasco y Abel Villacorta, quienes además formaron parte del cuerpo académico de esa escuela militar. Otro graduado de la Escuela Superior de Guerra del Imperio Alemán. Terencio Sierra, llegaría a ser presidente constitucional entre 1899 y 1903.

Consulado de Alemania

Situado en 2ª calle y 1ª avenida de San Pedro Sula. Sentados: don German Gastel (izq.) y Eduardo Kraft. De pie: Pablo Meyer y Alfredo Gerhart; ca. 1925. Del libro Centro Editorial. IMÁGENES DE SAN PEDRO SULA, 2002.
n

A mediados del siglo XIX La Mosquitia era sitio estratégico mundial gracias a la posibilidad de construir allí, vía el río San Juan nicaragüense (San Juan del Norte o Greytown), el canal interoceánico.
“En este contexto el príncipe Karl de Prusia y el príncipe Schonber-Waldenburg, quien también tenía interés en proyectos coloniales ~dice Benjamin Tillman~ dirigieron su atención a la costa misquita. En 1844 el príncipe Karl envió una comisión para investigar el potencial de una colonización. El grupo concluyó que la Costa era apta para tales fines y, de regreso en Alemania, publicó un reporte de sus hallazgos”.
Mientras en Berlín y en Konisberg se fundaban organizaciones para promover y llevar a cabo el proyecto colonizador, los dos príncipes intentaban comprar extensiones de tierra que fueran adecuadas. Pero los líderes alemanes no podían concretar las compras ya que las personas que ofrecían tierras carecían de títulos de propiedad (…).
El gobierno alemán prohibió después promover la migración y el proyecto desapareció, si bien “un pequeño grupo de personas en Konisberg persistió en su intento y adquirió tierras cerca de Bluefields, las cuales fueron vendidas por comerciantes ingleses. Desafortunadamente, cuando llegó a Bluefields, en Septiembre de 1846, el grupo de 107 miembros encontró que los títulos que respaldaban su derecho de propiedad eran ilegales”. “Para empeorar la situación el barco en que se transportaban salió sigilosamente de la bahía sin pagar los impuestos portuarios. Los inmigrantes quedaron abandonados a su suerte y varios miembros del grupo murieron a causa de enfermedades”. Les ayudó Patrick Walter, diplomático británico en la costa misquita, quien les dio medicinas y albergue[4].

n

Tras su independencia, Costa Rica empezó a recibir migración masiva de países europeos, especialmente de alemanes, franceses, españoles, ingleses, italianos y polacos, con menor proporción de países latinoamericanos.
En 1864, siglo XIX, vivían 164 alemanes en Costa Rica, y tras otros noventa (90) años, en 1950, apenas 360, una migración muy pobre.

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Los Tiffer, de origen alemán, llegaron a Nicaragua hacia 1770, como parte de la armada española. Luis Tiffer fue jefe de las cañoneras del Gran Lago en la década de 1770 y fue quien escoltó a la joven española secuestrada en Juigalpa, Maria Manuela Rodríguez, para viajar con su marido y jefe misquito desde León a Tuapi pasando por Matagalpa, tras matrimoniarse ambos (el Jefe y la Bella) en la catedral de León. Fue una increíble historia de amor entre dos culturas opuestas: española y misquita-inglesa. El primer Tiffer que entró a Nicaragua fue Luis, hacia 1750, quien se estableció en Masatepe y luego entre Nandasmo, Diriomo y Masaya[5].
La inmigración alemana en Guatemala comienza con Rodolfo Dieseldorff, en 1863. Otros grupos siguieron su ejemplo ya que se hablaba bien del lugar y lo que más gustaba a los germanos de la Verapaz era su «aislamiento natural, su clima templado y su suelo fértil, y las posibilidades de desarrollo agrícola y comercial[6]»
Tuvieron buenos resultados porque, a fines de 1890, la producción cafetalera de ese departamento estaba en manos de alemanes. Los primeros colonos eran jóvenes con recursos propios, apoyo de familiares y garantías crediticias de firmas comerciales para iniciar empresas agrícolas o comerciales, además de facilidades que incluían líneas navieras hasta el comprador en Alemania5
Los alemanes se organizaron en una comunidad unida y solidaria. Hacían sus actividades sociales en el Club Alemán o Deutsche Verein, en Cobán, fundado en 1888.

SIGLO XX
El siglo XX europeo se inicia con una intensa descomposición social que obliga a las gentes a buscar respuestas políticas y económicas desesperadas. El imperio español se ha debilitado pero han tomado fuerza los regímenes autoritarios en Francia, Holanda, Inglaterra, Prusia y Bélgica, que influyen en América.
Se habla de una cultura idealista, seguidora de Platón, y dos filósofos alemanes, Kant y Hegel, imponen su pensamiento en las universidades del mundo, pero también de culturas anarquistas, que no creen en ningún principio de autoridad y uno de cuyos actos ~el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo (Junio, 1914)~ inicia la primera guerra mundial. Durante ese conflicto el presidente salvadoreño Carlos Meléndez, junto con México y Argentina, se niega a declararle la guerra a Alemania hasta que es forzado por Estados Unidos.
Si hasta el siglo XIX Alemania era muy visible en el istmo centroamericano debido al número de sus ciudadanos que cruzaba rumbo a California por las rutas de Panamá y del lago de Nicaragua, a inicios el siglo XX lo que estremece a las comunidades del mundo, y por ende latinoamericanas, es el pensamiento de un ciudadano alemán, Karl Marx, cuyo materialismo revoluciona ~es el término correcto~ a las sociedades.
Marx desarrolla una teoría de la lucha de clases que va a servir como argumento político a generaciones de pensadores de izquierda y revolucionarios, quienes consideran, como Marx, que lo que empuja a la historia es la tensión irresoluble entre pobres y ricos. Otros dogmas marxistas, como la tesis de la dictadura del proletariado, la extinción de la propiedad privada y del dinero, así como del Estado mismo, originaron interminables, incluso cruentos debates, a lo largo del siglo XX.
Pero también el arte alemán crea, junto a otros aportes, nuevas estéticas y fija cánones, alienta gustos internacionales. Aunque sus composiciones provienen del siglo XIX, es en el XX cuando Ludwig van Beethoven se impone como registro supremo, equilibrio clásico, patrón ejemplar, con sus diversas sinfonías, estudios y conciertos. La Quinta de sus sinfonías (Opus 67) es la polifonía interpretada mayor número de veces en escenarios musicales.
Antes de él fue Wagner, a quien inspiró otro hosco aunque visionario filósofo, Federico Nietzstche, fallecido en 1900, quien afirmaba que el hombre culto y sensible está más allá del bien y del mal, lo que le confiere superioridad. Los amantes centroamericanos de música consideran a la ciudad de Bayreuth, donde vivió Wagner, como la meca de la ópera.
Nietzstche aparece citado en artículos y poemas de casi todos los autores de los movimientos modernista y postmodernista latinoamericanos, desde Rubén Darío y Juan Ramón Molina a Rafael Arévalo Martínez[7].
Por estos y otros factores de cultura el siglo XX de nuestra historia está plagado de presencias alemanas.
El compositor de la música del himno nacional de Honduras (1904), Carlos Hartling, es alemán, y en su factura se escucha, al fondo, el redoble de los fastos prusianos[8]. Juan Gaspar Stork, de Colonia, fue nombrado Obispo de Costa Rica en 1904, tras haber enseñado en el Seminario de San José durante una década, y apellidos como Thiel, Niehaus, Effinger (Ministro de Obras Públicas, 1930), Rohrmoser, Bolandi, Orlich, son frecuentes, habiendo sido veinte de ellos diputados y ministros[9]. En Guatemala el presidente Jacobo Árbenz Guzmán era de ascendencia germana, en tanto que en Honduras el Arzobispo Agustín Hombach, originario de Colonia, gobernó la iglesia local durante una década (1923 a 1933).
Las primeras cervecerías en Guatemala y Honduras fueron fundadas por alemanes[10], mientras que en Amapala, Golfo de Fonseca, los mejores establecimientos comerciales ~no siempre honestos~ eran de alemanes[11]; el único edificio que resistió los terremotos de 1931 y 1972 en Managua fue el Palacio Nacional, construido por Theodor Hocke, de la misma forma que el barrio Sajonia de esa ciudad se titula así porque allí fundó un taller mecánico con tal nombre el ingeniero alemán Julius Wiest, llegado de Württemberg a fines del siglo XIX[12].

n

Cuando la segunda guerra mundial, los alemanes que aún residían en Centroamérica fueron capturados, confiscados sus bienes y enviados a campos de concentración en Estados Unidos, habiendo existido también campos de detención en Nicaragua, Costa Rica y la Zona del Canal de Panamá[13].
Varios buques de bandera hondureña fueron hundidos en el Caribe por submarinos alemanes, entre ellos el mercante “Nicolás Cúneo” (Agosto, 1942); el SS Amapala (Mayo, 1942) y varios barcos de la flota de la Standard Fruit Co., que tuvieron encuentros con diversos U-Boats.
En varios países, incluso México, persiste el rumor de que las compañías bananeras llegaron a acuerdos secretos con los capitanes de submarinos para proveerles agua y bastimentos a condición de que no torpedearan sus naves. Esto nunca ha sido probado.

Desde la partitura a la tecnología del café o al fusil Máuser; desde las lentes Schneider Kreuznach a la Escuela de filosofía de Frankfurt[14], a la Bauhaus de arquitectura, o a la Escuela Austriaca de Friedrich Hayek, el intercambio cultural alemán con Centroamérica ha sido extenso, productivo y constante.

COLOFÓN
En la década de 1960 impactaron sobre Centroamérica tres poderosos modificadores culturales. Fueron la minifalda, la píldora anticonceptiva y el Volkswagen.
Con la primera ~la corta pieza de moda (36 centímetros) ideada por Mary Quant~ la mujer adquirió por vez primera el derecho a mostrar la belleza de su cuerpo sin sentimiento de pecado, imposición varonil ni hipocresía. Los machos quedamos tanto sorprendidos como maravillados. El mundo ya nunca fue igual.
Mediante la pastilla anticonceptiva la mujer adquirió por inicial vez la potestad para regular su propia renovación genética. Fuera quedaron las advertencias eclesiales de que hay que tener todos los hijos que dios manda, que el sexo es pecado y que prevenir embarazos es criminal, conceptos medievales sufridos por nuestras abuelas.
Pero, se consultarán ustedes: ¿y el Volkswagen, qué tiene que ver en esta relación…?
Es que en la Centroamérica del siglo pasado los medios de transporte eran obligadamente de estilo rural: carreta, mula, diligencia. Era escaso el transporte masivo. El caballo fue sustituido, en las ciudades, por la bicicleta y sólo muy tardíamente por la motocicleta o el automóvil personal.
Y de pronto arriba en la quinta década un vehículo no sólo de bajos costo y mantenimiento, enfriado por aire y ligero sino que además con capacidad para trasladar de media a una docena de personas y la economía se acelera, los tiempos de compromiso se perfeccionan, el circulante adquiere velocidad, la sociabilidad se incrementa ya que las gentes se ven de cerca, apretujados o no, unos junto a otros y se conocen, se citan, se comunican, posicionan negocios, se enamoran quizás...
El transporte del pueblo nunca fue tan democrático como entonces e incluso, hacen la broma en Tegucigalpa, los buseros aprenden a hablar alemán ya que para comprimir a los viajeros y conseguir más ganancia gritaban: “suban, siéntensen, estrújensen…”

n

Lo anterior permite entonces comprender que el Servicio Alemán de Intercambio Académico no surge del vacío sino dentro de toda una experiencia histórica que hermana a nuestras naciones ~y particularmente a nuestros pueblos~ mucho más allá de un llano organismo oficial.
Cuando se crea al DAAD nace dentro de una tradición de contacto entre Alemania y Latinoamérica que data de por lo menos dos siglos. Es un tejido de asociación donde las dificultades del idioma, la diferencia de cultura y las asimetrías tecnológicas parece que más bien contribuyen a acercar que a distanciar.
Luego de la etapa imperial alemana del siglo XIX, cuando envió sus cañoneras para cobrar empréstitos oficiales, igual que todos los imperios, el peso democrático y civilizador se hizo más vigente que nunca.
Aquellos pioneros que empujados por la guerra, el desarraigo o la ambición cruzaron Centroamérica y se quedaron en ella deben haber motivado, con sus cartas y narraciones a casa, un primer afecto transnacional que rinde hoy maravillosos frutos. De alguna manera logramos insertarnos en el corazón de la comunidad germana y generamos su voluntad de apoyo.
Pienso, sin embargo, que deberían existir niveles más profundos de compromiso entre los becarios del DAAD. La cooperación para el desarrollo implica una praxis del conocimiento, no sólo el conocimiento egoísta de beneficio personal; a Centroamérica no le sirve tener hombres y mujeres mejor formados si estos carecen de principios solidarios, si no se convierten en motores de la transformación y en agentes de cambio.
La cultura no es, obviamente, aseguro de dedicación a los demás pero debería serlo, de lo contrario carece de razón para existir. El sabio que masculla su sabiduría circundado de pobres y menesterosos se vuelve una negación de la marcha de la historia.
Digo esto, para concluir, porque es el espíritu del DAAD, extraído quizás de los cientos de casos que narra la biografía centroamericana en que ciudadanos alemanes avecindados se sacrificaron por beneficiar a sus comunidades.
En 1841 cierta compañía belga fundó una colonia en la costa de Guatemala y escogió como su director a Alexander von Bulow, un ingeniero que ansiaba poblar el istmo con obreros germanos. Bulow consiguió que un rey misquito le autorizara asentar 400 migrantes en Bluefields (1849) pero la colonia fracasó y los alemanes partieron a las ciudades.
Más adelante (185l), con el auspicio de la Sociedad Colonizadora de Berlin, von Bullow trajo tres barcos con migrantes hasta el interior de Costa Rica, particularmente San José. Muchos murieron en el tránsito o en el viaje desde el litoral.
Finalmente von Bullow, enamorado de estas tierras, se unió al ejército liberador que combatía al filibustero de Tennessee, William Walker, quien buscaba apoderarse del istmo para instaurar la esclavitud.
En algún instante de 1856 von Bullow cayó infectado por el cólera y murió aún con la espada en la mano…
Cuando escucho historias tan heroicas como esta siento que quizás fue de allí de donde se gestaron los primeros impulsos de la fraternidad germana con Centroamérica.
Una solidaridad que estamos obligados a corresponder edificando a la Centroamérica de la paz, equitativa, justa y feliz.
Larga vida, pues, al DAAD.
Gracias.



[1] Güetz Von Houwald. “Los alemanes en Nicaragua. Pioneros y emprendedores”. www.manfut.org.
[2] Mary Lester. UN VIAJE POR HONDURAS (A lady’s ride across Spanish Honduras. Londres, William Blackwood 1884). Trad. Anita Herzfeld, notas: Marcos Carías. EDUCA, 1982. ISBN-84-8360-149-4. EL primer periódico bilingüe español inglés debió ser el creado por Henry Gottel en Rivas (1865 ó 1866) con nombre “El Porvenir”
[4] Benjamin F. Tillman. LA INFLUENCIA MORAVA EN EL PAISAJE DE LA MOSQUITIA HONDUREÑA. Guaymuras 2004.
[6] Wikipedia
[7] Julio Escoto. “Prólogo”. TIERRAS, MARES Y CIELOS. Centro Editorial. ISBN-84-8360-037-4.
[8] Originario de Erfurt, nació el dos de Septiembre de 1869, hijo de Jorge y Enriqueta Hartling. Estudió música en Conservatorio del Gran Duque de Weimar, continuó estudios en el de Leipzig, que culminó en la Academia de Música de Munich. Dirigió varias obras musicales para orquestas, operetas y marchas en diversos conjuntos de su patria, además de ser director de una Banda de la Marina de Guerra antes de venir a Honduras en 1896. Roberto R. Reyes Mazzoni. UN PUEBLO EN BUSCA DE SUS SÍMBOLOS NACIONALES. LA HISTORIA DEL HIMNO NACIONAL DE HONDURAS. ISBN-978-99926-33-80-9.
[9] David Tock. German Immigration and Adaptation to Latin America. Senior Thesis in the Honors Program Liberty University, Spring 1994. http:// digitalcommons.liberty.edu/cgi/viewcontent.cgi?article= 1110&context=honors
[10] En 1898 Oertge y Federico Werling fundan en Tegucigalpa la Cervecería Alemana; en 1912 inmigrantes alemanes establecen en Tegucigalpa Cervecería Brema.//“A principios de 1858 Teodoro Kreitz tenía una confitería en La Calle del Hospital frente a Variedades, actual Zona 1. Probablemente aprendió el oficio de repostería con su padre Pedro. Fue precisamente en ese negocio donde también estableció un negocio de cerveza, dando inicio de esa manera a la influencia licorera alemana en aquel entonces y que permanece hasta estos días haciendo eco en La Cervecería Centroamericana”. http://www.afehc-historia-centroamericana. org/index.php/index. php?action=fi aff&id=3590
[11] Bustillo Lacayo. G. EL GOLFO DE FONSECA: REGIÓN CLAVE EN CENTROAMÉRICA. ISBN-00026-28-09-X; Segisfredo Infante. LOS ALEMANES EN EL SUR (1900-1947). Tegucigalpa, Editorial UNAH. 1993; Mario Argueta. LOS ALEMANES EN HONDURAS. Centro de Documentación de Honduras, 1992.
[12] Von Houwald, op cit.
[13] The following nations set up their own detention facilities for enemy aliens of Axis nations: Brazil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Curaçao, the Dominican Republic, Mexico, Nicaragua and Venezuela, as well as in the Panama Canal Zone”. http://www.calms.org/where_we_work/guatemala.html